La libertad es el temor de los déspotas y autoritarios.

Sin libertad no puede haber verdadero orden, estabilidad, y justicia. Es el pilar del Estado de derecho. 

 


Observando el artículo publicado por la Señora Débora PLAGER, en LA NACION del 30 de mayo de 2022, «La libertad, un eslogan vació que esconde un profundo autoritarismo» (https://www.lanacion.com.ar/politica/la-libertad-un-eslogan-vacio-que-esconde-un-profundo-autoritarismo-nid30052022/), me interpelo por varios motivos, y sobre todo en nombre de la libertad (holística) como derecho humano que poseo. 
 

La señora PLAGER, en su condición de periodista y ciudadana con derechos políticos, tiene derechos y obligaciones legislativas, constitucionales, convencionales, y otras proprias en el ejercicio de su profesión. Entre estas últimas, están las garantías deontológicas previstas en la Carta de Múnich del 24 de noviembre de 1971 y la declaración de Chapultepec sobre la libertad de opinión del 11 de marzo de 1994. 
 

En cuanto a su opinión (bajo una mirada subjetiva, parcial, sensible), sobre la libertad de expresión, de manifestar sus ideas en una denuncia (que desconozco su contenido) del Señor MILEI, sus críticas son contraria a los principios universales garantizados a todas las personas por igual en los Art. 19 de la Declaración universal de los derechos humanos, art. 4 del Pacto internacional de los derechos civiles y políticos, art 11, 13 de la Convención americana de los derechos humanos, como también las Constituciones de país democráticos.  
 

Ferviente defensor de la libertad como un derecho humano que hace a la esencia de todo individuo integrante de una sociedad democrática en un Estado de derecho. Pensar en limitarla, anularla, suspenderla o condicionarla son métodos y acciones proprias de regímenes dictatoriales, vibratoria de principios convencionales. La libertad es lo que es, y no otra cosa. Se puede pensar o poner expresar lo contrario en una sociedad de libertad. 
 

Una sociedad adulta, respetuosa de los derechos de terceros, donde todo contencioso judicial debe ser con un adversario y no con un enemigo donde todo lector o ciudadano puede y hasta debe criticar a los periodistas cuando se pone en duda el principio por el cual: “...la credibilidad de la prensa está ligada al compromiso con la verdad, a la búsqueda de precisión, imparcialidad y equidad…” (Chapultepec, 1994). Pero, en este artículo, la Señora PLAGER con sus criticas no puede intentar privar de derecho a la libertad con posturas y condiciones subjetivas, sin argumentos sólidos sobre el fondo del litigio porque es precisamente con esa accionar inoperante que se atenta contra la libertad del individuo y de la sociedad en su conjunto. Las cuestiones judiciales se arreglan en el ámbito de la justicia, la libertad no puede ser juzgada por los tribunales. 

 

Todos no tenemos la oportunidad y los medios de la Señora PLAGER pone para manifestar sus desacuerdos personales con una denuncia por parte de un diputado de la Nación. 
 

Señora PLAGER, usted sabe que las organizaciones de DDH y sus militantes que revindican la violencia de los 70 impusieron en nombre de la libertad una mentira histórica de lo que vivió la Argentina en esos años. Es una acciona de violencia verbal, grupal, autoritaria e nadie puede discutirla bajo pena de ser perseguido por esos “militantes”, por los medios, los periodistas que defienden esa ideología disfrazada de libertad. Ningún periodista opina, escribe, o comenta sobre ello.  ¿Esa libertad acaso no esconde no solo un autoritarismo sino una dictadura? Yo elegí defender la libertad de todos individuos sin límites, ¿y usted? 

 

Mario Sandoval,

Presidente de Casppa France,

2/06/2022. 

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