Carta abierta a Nicolas Sarkozy: cuando la justicia se convierte en instrumento de poder.
Señor Presidente,
Desde este rincón del mundo, donde también se ha vuelto costumbre que la justicia se pliegue a intereses ajenos a la ley, le escribo como ciudadano francés que ha vivido en carne propia el peso de una acusación construida sobre artículos periodísticos, hipótesis, prejuicios y silencios institucionales. La mentira se proclamó verdad jurídica.
Como usted, padezco las consecuencias de una justicia francesa que atendió más a la presión mediática y a los discursos ideológicos que a las pruebas jurídicas irrefutables que presenté para cuestionar mi extradición. Esa justicia, que se proclama defensora de los derechos humanos, ignoró argumentos documentados demostrando que Argentina no respetaría los principios de legalidad, el debido proceso ni las garantías convencionales en mi juicio. Lamentablemente, ese pronostico se confirmó.
Hoy, privado de libertad en una cárcel de la Provincia de Buenos Aires, pago las consecuencias de una justicia francesa parcial y subjetiva. Una farsa judicial argentina viola impunemente y de manera sistemática mis derechos fundamentales desde más de 5 años, mientras que las autoridades francesas se amparan en el principio de soberanía y miran hacia otro lado. En otros casos, lo político ha prevalecido sobre la justicia.
Como usted, fui señalado por hechos que jamás cometí. Como usted, he visto desdibujarse los principios del Estado de derecho bajo el ropaje de una justicia que ya no busca la verdad, sino hacer un ejemplo político. Y como usted, decidí no callar.
Su condena, más allá de su persona, interpela a todos los que creemos en la República, en la presunción de inocencia y en el debido proceso. Cuando un tribunal reconoce que no hubo enriquecimiento, ni dinero ilícito, ni pruebas concluyentes, pero aún así condena, no es usted quien cae: es el edificio mismo de la legalidad el que se tambalea. Esa decisión me indigna profundamente.
No es fácil resistir cuando se pretende quebrarnos por dentro. Pero usted lo ha dicho con claridad: “On peut m'incarcérer, mais on ne pourra jamais me faire mettre à genoux.” Esa frase no es solo suya. Es de todos los que, como usted, han decidido enfrentar el poder arbitrario con dignidad.
Señor Presidente,
Sé que su gobierno y usted personalmente se interesaron por ciudadanos franceses secuestrados o detenidos arbitrariamente en el extranjero. Agradezco sinceramente que haya recordado el caso de Ingrid Betancourt y el diálogo con las FARC, porque como usted sabe, varios de nosotros trabajamos por su liberación.
Desde la prisión militar de Campo de Mayo, Unidad Penitenciaria 34, en Argentina, le extiendo mi solidaridad. No por afinidad política, sino por convicción democrática y compromiso con los derechos humanos. Porque cuando la justicia se convierte en herramienta de revancha, todos estamos en peligro. Y porque su lucha, como la de tantos otros, también es la mía.
Con respeto y fuerza,
Un ciudadano que no se rinde,
Mario Sandoval.

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