Hegemonía Cultural vs. Batalla Cultural.
Hegemonía Cultural vs. Batalla Cultural: La Trivialización del Pensamiento Gramsciano
Por Mario Sandoval1
En el discurso político contemporáneo, en Sudamérica y en Argentina especialmente, se ha popularizado la idea de que Antonio Gramsci (1891-1937) habló de una “batalla cultural” como estrategia revolucionaria. Esta afirmación, repetida por actores de diversas tendencias, distorsiona el núcleo de su pensamiento. Gramsci nunca usó ese término. Lo que propuso fue una teoría de la hegemonía cultural como forma de dirección moral e intelectual, de liderazgo ético-político, articulada con la economía y la estructura institucional. Confundir hegemonía cultural con batalla cultural empobrece el análisis político, reduce la cultura a una guerra simbólica, despolitizada y deshistorizada.
Para Gramsci, la cultura no es neutral, es un terreno de lucha: siempre está impregnada por luchas sociales. En ese sentido, hegemonía cultural equivale a la capacidad de una clase para definir el sentido común, es decir, la cultura compartida que organiza la vida cotidiana.
La Cultura popular: no es folclore, sino el terreno donde se forma la conciencia de clase.
Debate:
I- Gramsci y la hegemonía cultural: dirección, no confrontación
La hegemonía en Gramsci es una forma de poder que se ejerce mediante el consenso, no la imposición. Se construye a través de instituciones (escuela, iglesia, medios, partidos) y se encarna en prácticas cotidianas. Es una estrategia de largo plazo que articula estructura económica, superestructura ideológica y praxis política.
Los intelectuales son agentes de producción simbólica quienes elaboran y difunden la ideología de la clase dominante, o bien pueden crear las condiciones para disputar esa hegemonía desde las clases subalternas. Gramsci distingue entre:
Intelectuales tradicionales: profesores, religiosos, escritores que se perciben como autónomos, pero reproducen el orden social dominante.
Intelectuales orgánicos: ligados a una clase social en ascenso, portadores de su visión del mundo.
Las clases subalternas son los grupos sociales que se encuentran en una posición de subordinación dentro de la estructura política, económica y cultural. No se trata solo de pobreza o explotación, sino de una exclusión estructural del poder hegemónico. Para dejar de ser subalternas, deben construir una conciencia propia, disputar el sentido común y articular un nuevo bloque histórico.
Este bloque histórico significa la articulación entre las fuerzas productivas (estructura económica) y las formas ideológicas, culturales y políticas (superestructura).
Gramsci se nutre de varios autores que analizaron el concepto de hegemonía (cultural-política) anterior a sus análisis:
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778, Suiza) Plantea que la educación, la religión civil y las costumbres son instrumentos de formación política. Considera la cultura como elemento para modelar ciudadanos y sostener una república libre2.
Johann Gottfried Herder (1744-1803, Alemania): Padre de la idea moderna de cultura nacional. La cultura es la expresión del espíritu del pueblo. Para él, los pueblos luchan y se afirman a través de su cultura frente a la dominación externa.3
Hegel (1770-1831, Alemania): “Considera que la historia del Espíritu se plasma en instituciones, costumbres y cultura. El Estado y la cultura son inseparables como formas de realización de la libertad”4.
Benedetto Croce (1866-1952 Italia) quien en La estética como ciencia de la expresión y la lingüística general defiende la cultura como expresión del espíritu nacional.5
Giovanni Gentile, (1875-1944 Italia), que en Teoría general del espíritu como acto puro articula una pedagogía idealista que influye en la noción de formación del sujeto político6.
Maquiavelo (1469-1527 Italia), cuya obra El Príncipe propone la construcción del consenso como tarea del liderazgo político.7
Karl Marx,(1818-1883 Reino de Prusia) en La ideología alemana y El capital, vincula la lucha ideológica con la estructura económica.8
Lenin (1870-1924 Rusia), plantea la hegemonía como dirección política del proletariado sobre otras clases aliadas.9 Defiende la necesidad de una “cultura proletaria” para cimentar la revolución y consolidar al partidos.
Confucio, (551-479 a.C., China) en Las Analectas, introduce la “rectificación de los nombres” como fundamento del orden político y moral.10 La cultura (ritos, normas, educación) es el medio por el cual el gobernante asegura el orden social.
II- ¿Y la “batalla cultural”? Un concepto ajeno a Gramsci
El término “batalla cultural” surge en contextos mediáticos recientes, como reacción a debates sobre valores, identidades y narrativas. Si bien Gramsci no habla de "Batalla Cultural" como término central, sí reconoce que la hegemonía se conquista en un terreno de disputa, se construye lentamente, mediante reformas, alianzas y pedagogía política. Esta lucha se manifiesta en el plano intelectual, siendo la Batalla de Ideas su correlato más cercano. Sin embargo, Gramsci la concibe como un proceso orgánico de reforma intelectual y moral.
Esa Batalla de Ideas, no es una guerra simbólica, sino una disputa por el sentido común, encarnada en prácticas sociales. Consiste en elevar el nivel de conciencia de las masas subalternas, pasando de su visión disgregada e incoherente (el Sentido Común) a una concepción del mundo organizada (la Filosofía de la Praxis). No es una polémica puntual, sino un proyecto educativo y de largo aliento.
Gramsci propone la guerra de posiciones frente a la guerra de maniobras. Esta estrategia política implica un gradualismo en la conquista de las “trincheras” culturales de la sociedad civil. El cambio no es instantáneo, sino una acumulación molecular de fuerzas, que supera el momento económico-corporativo, construye consensos mediante dirección política y no solo la dominación.
La Batalla Cultural es táctica, reactiva, coyuntural. Puede ser parte de una estrategia hegemónica, pero no la reemplaza. Gramsci no la menciona porque su enfoque es estructural, orgánico y transformador.
![]() |
| Otto Von Bismarck. |
![]() |
| Antonio Gramsci. |
Gramsci no propone una confrontación mediática, sino una transformación profunda del imaginario social.
III- Lucha Cultural, Guerra Cultural vs. Batalla Cultural.
Si bien Antonio Gramsci nunca utilizó el término batalla cultural, este suele invocarse en debates contemporáneos como si derivara de su pensamiento. En ese marco, algunos autores señalan como antecedente histórico el concepto alemán Kulturkampf (lucha cultural), acuñado en 1871 por el médico y político liberal Rudolf Virchow (1821–1902) y posteriormente adoptado por Otto von Bismarck (1815–1898) para describir el conflicto entre el Estado prusiano y la Iglesia Católica en la Alemania recién unificada. El objetivo de Bismarck era subordinar la Iglesia al poder estatal, restringiendo su influencia en la educación, la moral pública y la vida política. Para ciertos autores hispanoamericanos, este episodio representa un antecedente del concepto moderno de batalla cultural, aunque con significativas diferencias de contexto y propósito.
Esta línea interpretativa se prolonga (aunque de forma imperfecta y muchas veces acrítica) con la publicación en 1991 del libro Culture Wars: The Struggle to Define America, de James Davison Hunter (1955-). En él, el autor analiza la polarización moral en los Estados Unidos, no como una disputa centrada en lo económico o lo político, sino como una confrontación profunda entre dos visiones éticas y culturales. Por un lado, la visión “ortodoxa”, que concibe la verdad moral como fija, universal y sancionada por una autoridad trascendente; por otro, la visión “progresista”, que entiende la verdad moral como contextual, evolutiva y construida socialmente.
Hunter no propone una lucha activa, sino que describe una guerra cultural latente y estructural que atraviesa instituciones, valores y discursos en la sociedad estadounidense. No cita a Gramsci ni vincula su análisis con el marxismo cultural. Sin embargo, en el uso político contemporáneo, el término batalla cultural se ha convertido en una estrategia discursiva activa, empleada para justificar políticas públicas, confrontar adversarios ideológicos, disputar el relato histórico, resignificar el lenguaje y cuestionar la legitimidad de ciertas instituciones. En este contexto, es frecuente la referencia a Gramsci, aunque se trata de una atribución errónea del término y de una simplificación de su pensamiento.
Ni el Kulturkampf del siglo XIX ni las Culture Wars de Hunter pueden considerarse el origen directo del concepto de batalla cultural, y mucho menos establecer una relación genuina con Gramsci. Algunos autores sostienen que el término batalla cultural es, en realidad, una interpretación contemporánea —y muchas veces ideologizada— del concepto de Culture Wars, adaptado al contexto hispanoamericano y utilizado con fines políticos más que analíticos.
IV- Comparativos: Kulturkampf (lucha cultural), Culture Wars y Batalla Cultural
Concepto |
Concepto Historico |
Contexto político-cultural |
Sentido original |
Evolución contemporánea |
Kulturkampf |
Alemania, 1870s |
Conflicto entre Bismarck y la Iglesia Católica |
Lucha estatal contra la influencia religiosa en educación y política |
Referente histórico de luchas ideológicas entre Estado y religión |
Culture Wars |
EE.UU., 1980s–90s |
Polarización entre progresismo y conservadurismo |
Disputa sobre valores morales, educación, familia, derechos civiles |
Usado por medios y políticos para describir fracturas ideológicas |
Batalla Cultural |
América Latina, 2000s–2020s |
Disputa simbólica por el sentido común, la historia, la moral pública |
Metáfora combativa por hegemonía ideológica |
Adoptado por derechas radicales y también por sectores progresistas. |
V- La idea de la cultura como forma de lucha para el poder político aparece en varios filósofos o pensadores tanto europeos como extra europeos. La cultura ha sido históricamente un terreno de disputa por el poder, como lo muestran autores de diversas tradiciones:
Maquiavelo (1469-1527, Italia), ve en la religión y las costumbres cívicas un instrumento para consolidar el poder político. En, afirma que los símbolos, ritos y valores culturales son decisivos para mantener la cohesión social. Anticipa la cultura como arma de hegemonía política11.
Georges Sorel, (1847-1922 Francia), en Réflexions sur la violence, propone el mito movilizador como fuerza colectiva capaz de catalizar la acción revolucionaria¹⁰.
Otto von Bismarck (1815-1898), utiliza el Kulturkampf (lucha cultural) en su enfrentamiento político con la Iglesia Católica en la Alemania recién unificada.
Frantz Fanon, (1925-1961 Francia), en Les damnés de la terre, analiza cómo la cultura colonizada se convierte en espacio de resistencia y liberación violenta.12
Karl Marx (1818-1883 Reino de Prusia) y Friedrich Engels (1820-1895 Reino de Prusia): Aunque ven la cultura como “superestructura”, muestran que es un terreno de lucha: “Las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante”. En El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Marx explica cómo los símbolos culturales y religiosos legitiman proyectos políticos.
Ibn Jaldún (1332-1406, Túnez), en Al-Muqaddima, introduce el concepto de asabiyya, una solidaridad grupal que fundamenta la cohesión política y cultural. Para él, la cultura y la religión son armas políticas que permiten a los grupos dominar o resistir, la cohesión cultural sostiene a los Estados y dinastías.13
José Martí ( 1853-1895, Cuba), en Nuestra América, defiende la cultura como base de la emancipación latinoamericana.14 La cultura y la educación son “armas de emancipación”. La independencia no puede sostenerse sin una cultura propia que enfrente al imperialismo.
Simón Bolívar (1783-1830, Venezuela), en el Discurso de Angostura, destaca la importancia de la educación, las costumbres y la moral cívica para sostener la independencia y un nuevo orden político. Concibe la cultura como base de la libertad política. En su Carta de Jamaica, articula la identidad nacional como proyecto político-cultural.15
Sun Yat-sen, (1866-1925, China) en Tres Principios del Pueblo, subraya la educación como pilar del Estado moderno.16 Líder revolucionario chino, plantea en sus Tres Principios que la identidad cultural y la educación nacional son indispensables para construir un Estado soberano.
VI- Diferencias conceptuales: hegemonía vs. batalla cultural
Dimensión |
Hegemonía cultural (Gramsci) |
Batalla cultural (actualidad) |
Temporalidad |
Lenta, estructural, orgánica |
Rápida, coyuntural, reactiva |
Estrategia |
Construcción de consenso |
Confrontación ideológica |
Instituciones |
Escuela, iglesia, partidos |
Redes sociales, influencers |
Intelectuales |
Orgánicos, ligados a clases |
Mediáticos, despolitizados |
Cultura |
Campo de lucha de clases |
Terreno de polémicas simbólicas |
Ideología |
Visión del mundo encarnada |
Narrativas enfrentadas |
Conclusión:
Gramsci no habló de batalla cultural. Habló de hegemonía, de cultura popular, de intelectuales orgánicos, de bloque histórico. Su pensamiento exige una articulación entre cultura, política y economía. Confundir hegemonía con batalla cultural lleva a pensar que basta con ganar debates simbólicos para transformar la sociedad. Pero Gramsci insistía en la necesidad de construir consensos profundos, disputar el sentido común y transformar las instituciones.
La hegemonía cultural, en el sentido gramsciano, es una estrategia profunda de transformación social. La batalla cultural, en cambio, es una táctica de confrontación ideológica que puede ser útil, pero no suficiente.
Recuperar la densidad conceptual de la hegemonía cultural es urgente. Porque como enseñaron Martí, Fanon y Bolívar, la cultura no es lo que se dice: es lo que se vive. “Es la manifestación viviente del alma de un pueblo, arraigada en un paisaje y en una cosmovisión particular” (Oswald Spengler 1880-1936)17. Prof. Mario Sandoval, Presidente de Casppa France, 19octubre2025.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
1-Mario Sandoval, francés, nació en Buenos Aires. Formación y actividades en ciencias políticas, filosofía, habiendo ocupado funciones en los sectores públicos y privados, la docencia superior y consultorías, a nivel nacional e internacional, en los campos de las relaciones internacionales, la geopolítica. Detenido arbitrariamente por la Argentina, actualmente privado de libertad en la prisión de alta seguridad de la U34 del SPF.
2- Jean-Jacques Rousseau (1762), El Contrato Social y Emilio o la Educación,
3-Herder (1784-1791) Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad.
4-Hegel: (1837) Lecciones sobre la filosofía de la historia universal y (1821) Principios de la filosofía del derecho
5-Croce, B. (1902). La estética como ciencia de la expresión y la lingüística general. Bari: Laterza.
6-Gentile, G. (1916). Teoría general del espíritu como acto puro. Florencia: Sansoni.
7-Maquiavelo, N. (1513). Il Principe.
8- Marx, K. (1846). La ideología alemana; (1867). El capital.
9- Lenin, V.I. (1899). El desarrollo del capitalismo en Rusia; (1902). ¿Qué hacer?
10- Confucio. Las Analectas, siglo V a.C., cap. XIII.
11- Maquiavelo: El Príncipe y Discursos sobre la primera década de Tito Livio
12- Fanon, F. (1961). Les damnés de la terre. Paris: Maspero.
13- Ibn Jaldún. (1377). Al-Muqaddima.
14- Martí, J. (1891). Nuestra América.
15- Bolívar, S. (1815). Carta de Jamaica.
16- Sun Yat-sen. (1905). Sanmin Zhuyi (Tres Principios del Pueblo).
17- Spengler, (1918-1923) La decadencia de Occidente,



Commentaires
Enregistrer un commentaire