Las invisibles de la condena: mujeres que esperan en silencio.

 

Las invisibles de la condena: mujeres que esperan en silencio

Por Mario Sandoval1



En cada prisión donde permanecen arbitrariamente privados de libertad los ex agentes del Estado de los años 70, adultos mayores con patologías diversas, juzgados y condenados por una justicia politizada, más allá de los muros y las rejas, late un dolor que la sociedad no escucha: el de las mujeres que esperan, sostienen y sufren. Esposas, madres, hijas, hermanas, nietas: ellas cargan con la ausencia cotidiana de su ser querido y con la condena invisible que les impone la mirada pública.

 



La sociedad, los medios, la justicia y las administraciones las relegan a la sombra. Los funcionarios que deberían atender sus reclamos guardan silencio, como si acompañar a un hombre privado de libertad fuera un delito. Sin embargo, son ellas quienes más sufren en silencio, quienes sostienen la esperanza sin reconocimiento, quienes transforman la ausencia en fidelidad.

Estas mujeres sueñan con volver a ver a su esposo, padre, hermano o abuelo en casa, alrededor de la mesa familiar, compartiendo momentos felices de tiempos pasados. Pero la justicia del resentimiento les reservó otro destino: una vida de dolor y estigma, una condena por procuración. Ellas responden con resignación, dignidad y amor.

La realidad de esas mujeres

Desde hace más de veinticinco años, en invierno o verano, bajo la lluvia o el sol abrasador, ellas esperan en las puertas de las cárceles federales y provinciales. Nada las detiene: ni el maltrato de las administraciones penitenciarias ni la humillación de ser tratadas como sospechosas.

Llevan comida, sostienen la casa, acompañan a los hijos, juegan con los nietos, reemplazan al ser querido en la vida cotidiana. Al retirarse, las lágrimas las acompañan: una parte de ellas queda tras las rejas. Muchas saben que puede ser la última vez que lo vean, porque la muerte sorprendió a varios en prisión, víctimas de enfermedades avanzadas y de la insuficiente atención médica. Ellas lloran a sus muertos en silencio, abandonadas por el sistema.

En sus trabajos, muchas fueron obligadas a renunciar, marginadas y privadas de responsabilidades pese a sus capacidades. La condena se extiende más allá de los muros: es social, profesional, cotidiana. Son sancionadas incluso por portación de apellido. Son las olvidadas de los olvidados. Perdieron la presencia cotidiana y también la mirada digna de la sociedad.

Recordando que,

Blaise Pascal, en su Memorial (1654), hablaba de la certeza de la alegría en el encuentro con lo absoluto. Aquí, la certeza es la del dolor silencioso y la fidelidad sin reconocimiento.

Simone de Beauvoir, en El segundo sexo (1949), nos recordó que “no se nace mujer, se llega a serlo”. Estas mujeres llegan a serlo en un mundo que las marca por asociación, como si el vínculo con un hombre privado de libertad las hiciera culpables.

Hannah Arendt, en La condición humana (1958), veía en la natalidad la capacidad de comenzar de nuevo. Cada visita, cada carta, cada espera es un acto de resistencia contra el odio que sustituye a la justicia.

Michel Foucault, en Vigilar y castigar (1975), mostró cómo el poder disciplinario se extiende más allá de la prisión. Estas mujeres son prueba viviente de esa extensión: reciben una doble condena, la ausencia y el estigma.

Simone Weil, en La gravedad y la gracia (1947), escribió que “la atención, tomada en su máxima intensidad, es la forma más rara y pura de generosidad”. Ellas practican esa atención radical hacia sus seres queridos, incluso cuando el mundo las margina.

Albert Camus, en El mito de Sísifo (1942), nos enseñó que rebelarse es afirmar la vida frente al absurdo. Cada visita es un acto de rebelión contra un sistema que las condena sin delito.

Friedrich Nietzsche, en Así habló Zaratustra (1883–85), proclamó: “Lo que no me mata, me hace más fuerte”. Estas mujeres transforman el dolor en fuerza, resisten sin odio, mostrando que la verdadera potencia está en el amor y la esperanza.

Paul Ricoeur, en La memoria, la historia, el olvido (2000), nos enseñó que la memoria es resistencia contra el borramiento: ellas son guardianas de la memoria que sostiene la dignidad frente al olvido institucional.

María Zambrano, en Persona y democracia (1958), afirmó que la democracia verdadera se mide por cómo trata a los invisibles y vulnerables. Estas mujeres son prueba de la deuda pendiente de nuestras instituciones.

Honrar a las invisibles

Ellas son las columnas invisibles de una justicia verdadera: la que nace del amor y la fidelidad. Son guardianas de la memoria, portadoras de la esperanza, las que no se rinden. Honrarlas es reconocer que son sujetos de dignidad y no sombras de un delito ajeno.

Sostienen la vida cuando la justicia se extravía en el rencor. Transforman la ausencia en fidelidad, el dolor en fuerza, la invisibilidad en resistencia. Es hora de que la sociedad y la justicia dejen de condenarlas y empiecen a reconocerlas. Honrar a estas mujeres es honrar la justicia que aún no existe, pero que ellas encarnan en silencio.

La verdad de estas mujeres no es solo sensible: es racional, política y ética.

Yo elegí defender sus derechos y los Derechos Humanos de todos por igual. La justicia, la sociedad, los medios y las administraciones, todavía no. Prof. Mario Sandoval, Presidente de Casppa France, 28noviembre2025.


***

1-Mario Sandoval, francés, nació en Buenos Aires. Formación y actividades en ciencias políticas, filosofía, habiendo ocupado funciones en los sectores públicos y privados, la docencia superior y consultorías, a nivel nacional e internacional, en los campos de las relaciones internacionales, la geopolítica. Detenido arbitrariamente por la Argentina, actualmente privado de libertad en la prisión de alta seguridad de la U34 del SPF.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Libertad de expresión, opinión, pensamiento: Art: 4, 10, 11 Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano 1789. Art: 19 Declaración Universal de los Derechos del Hombre 1948, Art 19 Pacto Internacional relativa a los Derechos Civiles y Políticos 1966, Art 9, 10 Convención Europea de Derechos Humanos 1950, Art. 13 Convención Americana sobre los Derechos Humanos, las Constituciones de países democráticos.

 

Commentaires

Posts les plus consultés de ce blog

La desinformación: actores y discursos en disputa.

Del castigo como simulacro a la libertad como farsa : dos slogans sin justicia ni humanidad

Militancia judicial y conflicto de intereses.