EL FASCISMO DE CONDUCTA: LA JUSTICIA Y LOS ANTIFASCISTAS.

 



Por Mario Sandoval1


INTRODUCCIÓN: La Etimología de la Unidad Forzada y el Objetivo del Fascismo

El fascismo contemporáneo no es un programa, sino una herramienta de cohesión y castigo. El término Fascismo2 proviene del latín fasces (haces): un manojo de varas de abedul atadas con una cinta roja que rodea un hacha.

Históricamente, el fascismo original (1919) no nació como una teoría estética, sino como una respuesta pragmática al caos de la posguerra, cuyo objetivo primario era la unificación forzada bajo el mito de la acción, hoy, esa pulsión sobrevive en la fascistización3 del disidente. La vara individual es frágil, pero el haz es irrompible. El hacha representa la facultad de castigar y la soberanía del Estado.

El Antifascismo nace como una identidad reactiva. Su debilidad etimológica es que su existencia depende de la presencia del fasces; sin el enemigo, pierde su eje de coordenadas. Esto explica por qué hoy necesita "crear" fascistas para sostener su vigencia en una operación de captura epistemológica.

Neofascismo: Se manifiesta no como una ideología de masas, sino como una radicalización comportamental donde el discurso programático es reemplazado por la agresión ritualizada y el uso del estigma como arma de destrucción política.

I- EL FASCISTIZACIÓN DE LA JUSTICIA: el derecho como arma.

En Argentina, la Justicia no se manifiesta solo en el fallo sino en la mutación del proceso mismo, deja de ser un árbitro imparcial para convertirse en un actor beligerante que ha transitado de una epistemología de la verdad (basada en hechos y leyes) a una epistemología del estigma (basada en la etiqueta y la identidad), donde la etiqueta precede al hecho y el ser es anulado por la designación, es el paso del "hecho" al "estigma".

Siguiendo los principios de la ética de la convicción de Max Weber, en el caso de la justicia fascista argentina, el juez (antifascista) se siente poseído por un "fin sagrado" (la reparación histórica ideologizada), así escapa a la ley para situarse en una posición de superioridad moral intrínsecamente autoritaria que le permite despreciar la legalidad de los medios como la irretroactividad, la prescripción y las consecuencias de sus actos sobre el Estado de derecho.

Si alguien es etiquetado como "fascista", no importa lo que diga o haga; su ser ha sido anulado por la designación sin importar sus actos.

Esta corriente está representada por opradores de una justicia de autor que omite la exégesis técnica en favor de una interpretación teleológica basada en valores extrajurídicos.

En este escenario, la figura del imputado (específicamente en las causas que involucran a ex agentes de los 70), sufre una anulación ontológica, no se le juzga por lo que hizo, sino por lo que 'es' dentro del relato de fascistización construido por el Estado.

Esta praxis deteriora la justicia técnica, transformando el tribunal en un dispositivo de confirmación de un estigma preexistente, erosiona la confianza pública, tal como advierten los indicadores internacionales de integridad judicial WJP Rule of Law Index y el ICJ (Fores-UTDT). La sociedad percibe que el tribunal ya no busca la verdad, sino la confirmación de un estigma.

La fenomenología de la Sospecha es de rigor en los procesos contra ex agentes del Estado de los 70 donde se aplica la Ley de Sospechosos4, de decir, ya no se juzgan actos, sino "intenciones percibidas", se instaura una sospecha permanente. El tribunal deja de ser un espacio de logos (puente de comunicación racional) para convertirse en una herramienta de muerte civil, creando un clima de confinamiento mental y autocensura judicial.

Recordando que;

Si en el siglo XX Stalin5 fascistizaba a la socialdemocracia como "arma de destrucción política", hoy la justicia argentina fascistiza retroactivamente a los ex agentes del Estado de los 70. No se les juzga por actos probados, sino por representar una ideología o posición social que el sistema ha decidido aniquilar.

Giorgio Agamben6, define el vacío legal donde la norma se suspende para crear un "no-derecho". Se instaura una "zona de indistinción" donde se aplican delitos de lesa humanidad de forma arbitraria, Ese autoritarismo es una "coraza caracterológica" de rigidez y castigo (Wilhelm Reich)7,

II. LA FASCISTIZACIÓN DE LOS ANTIFASCISTAS: Mímesis y Resentimiento.

Desde una perspectiva fenomenológica, el antifascismo contemporáneo opera sobre una realidad simulada. Al carecer de un fasces histórico real (un movimiento de masas con voluntad de toma del poder totalitario), el grupo activista realiza una captura epistemológica: necesita 'crear' el objeto para validar su propia existencia. Así, cualquier disidencia intelectual es desplazada hacia la categoría de 'fascista'. Esta respuesta no es política, sino que responde a un vacío ontológico: es la agresión ritualizada contra un fantasma discursivo para obtener una 'licencia moral' que justifique la cancelación y la deshumanización del adversario.

Su meta no es el debate, sino la validación grupal mediante el insulto que funciona como un interruptor para clausurar el diálogo. Una vez que se etiqueta al otro como fascista, desaparece la obligación de escuchar sus argumentos; el "otro" deja de ser un ciudadano para convertirse en un objetivo a neutralizar.

El actor principal de esta deriva es el subproletariado intelectual. Este estrato, definido por poseer formación académica, pero carecer de autoridad real en la estructura social, utiliza la vigilancia semántica como una herramienta de poder. Su función es inquisitorial: no buscan el debate dialéctico (logos), sino la validación grupal mediante la patologización del disidente. Para este grupo, la academia y los medios no son espacios de búsqueda de la verdad, sino tribunales donde se gestiona la muerte civil de quien no porta el 'certificado de antifascismo' expedido por la hegemonía del relato. Si no coincides con su visión, no estás equivocado: eres un "fascista", un "supremacista" o un "peligro social". Como revela la historia del estalinismo, la "fascistización" es un arma retórica donde todo lo que no se somete al dogma es etiquetado como fascista.

El fanatismo antifascista no busca la verdad, sino un refugio frente a un "yo" deficiente; se combate el propio sentimiento de inferioridad a través del odio organizado (Hoffer8). Si el antifascismo se vuelve una identidad cerrada donde "el que no piensa como yo es un fascista", cae en el rasgo de Ur-Fascismo de rechazo a la diferencia9.

La fascistización se vuelve automatizada (tecnofascismo algorítmico). El saber es una herramienta de vigilancia donde prevalece quien tiene más capacidad de movilizar el odio algorítmico y la censura como "defensa necesaria".

Nietzsche10, ya advertía sobre el resentimiento como motor de la moral de esclavos: la creación de un "malvado" externo para sentirse "bueno". El nuevo radicalismo justifica la violencia (física o digital) bajo el lema de "al fascismo no se le discute, se le destruye". El movimiento ofrece al individuo una salida a su propio estrés y fracaso personal. Al integrarse en la "lucha", sus carencias individuales desaparecen tras una causa supuestamente heroica. El problema es que, la definición de "fascismo" se vuelve elástica para incluir a cualquiera que genere incomodidad. El resentimiento se convierte en motor político. La violencia se justifica como "higiene" frente a la supuesta amenaza del otro.

CONCLUSIÓN: Ruptura Antropológica y Desbarbarización

Estamos ante una crisis del humanismo donde la alteridad ha sido sustituida por la identidad tribal.

En esta ruptura antropológica el individuo deja de ser un fin en sí mismo (Kant11) para ser visto como una célula de un bloque ideológico, perdiendo la empatía y la capacidad de reconocer la humanidad en el adversario.

La tarea urgente es la desbarbarización (Adorno)12: impedir que la subjetividad sea devorada por el autómata de la masa y el neojacobinismo de la sospecha.

El individuo se disuelve en la masa para aliviar la angustia de la libertad, descargando el estrés social en una agresividad ritualizada. Recuperar la justicia técnica y el derecho a la contradicción son los únicos caminos para que el Estado de derecho no sea una cáscara vacía en manos de la inquisición del presente.

La fascistización de los ex agentes de los 70 es la herramienta contemporánea para evitar el debate sobre la verdad histórica. Es el "síntoma más visible" de una degradación que afecta a todos los ciudadanos por igual, ya que erosiona la seguridad jurídica universal.

Si todo es fascismo (un desacuerdo académico, una política de seguridad estándar, una opinión conservadora), entonces nada es fascismo lo que invisibiliza el peligro real. Cuando aparezca un movimiento con voluntad real de destruir la democracia y los derechos humanos, ya no tendremos palabras para denunciarlo.

Como advertía Heidegger13 o incluso el mismo Schmitt14, cuando la política se convierte en una lucha de "valores" absolutos, el compromiso desaparece. Si mi valor es la "Verdad" y el suyo es el "Fascismo", la única relación posible es la aniquilación simbólica.

Yo elegí defender el Estado de derecho, los Derechos Humanos y los principios de legalidad, sin especulaciones dogmáticas e ideológicas, los fascistas, los antifascistas, los neofascistas y los tecnofascistas, no. Prof. Mario Sandoval, Presidente Casppa-France, Campo de Mayo, 25marzo2026.

 *** 

1-Mario Sandoval, francés, nació en Buenos Aires. Formación y actividades en ciencias políticas, filosofía, habiendo ocupado funciones en los sectores públicos y privados, la docencia superior y consultorías, a nivel nacional e internacional, en los campos de las relaciones internacionales, la geopolítica. Detenido arbitrariamente por la Argentina, actualmente privado de libertad en la prisión de alta seguridad de la U34 del SPF. Presidente de Casppa-France.

2- El fascismo como símbolo Romano: En la Antigua Roma, los fasces eran un haz de varas de madera atadas alrededor de un hacha. Este objeto era portado por los lictores (escoltas de los magistrados) como símbolo de la autoridad y el poder de castigo de la República. La idea central es que una vara sola se rompe fácilmente, pero un haz de varas unido es prácticamente irrompible, representando la fuerza a través de la unidad.

3-El concepto de "fascistización" se integra aquí como la tecnología retórica que permite la muerte civil del adversario mediante el descrédito sistemático, técnica perfeccionada por el maniqueísmo político del siglo XX. Diario: Le Figaro (22marzo2026). Fasciser l’adversaire, histoire d’une arme rhétorique.

4 - Ley de Sospechosos del 17septiembre1793

5- Teoría del Socialfascismo de Stalin de 1924.

6- Giorgio Agamben in Estado de excepción, 2003

7- Wilhelm Reich in Psicología de masas del fascismo, 1933

8 Hoffer, in El verdadero creyente, 1951.

9 Eco, U., in Ur-Fascismo, 1995.

10- Nietzsche, F., in La genealogía de la moral, 1887.

11- Immanuel Kant, in Fundamentación de la metafísica de las costumbres",1785.

12- Adorno, T. W. (1966), in Dialéctica negativa y La educación después de Auschwitz.

13- Martin Heidegger: in La pregunta por la técnica, 1954.

14- Schmitt, C. in El concepto de lo político, 1932

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 Libertad de expresión, opinión, pensamiento: Art: 4, 10, 11 Declaración de los Derechos Humanos y del Ciudadano 1789. Art: 19 Declaración Universal de los Derechos del Hombre 1948, Art 19 Pacto Internacional relativa a los Derechos Civiles y Políticos 1966, Art 9, 10 Convención Europea de Derechos Humanos 1950, Art. 13 Convención Americana sobre los Derechos Humanos, las Constituciones de países democráticos.

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